A. López Vega: “Marañón representa al último intelectual del Renacimiento”

El pasado mes de junio acudí por primera vez a la Facultad de Historia de la Complutense, conocida como la caja de cerillas. No andaba yo buscando fuego de ningún tipo, sino información. En el Departamento de Historia Contemporánea topé con una persona muy cálida y afable: un profesor que, sin conocerme de nada, resolvió mis dudas y me ayudó con las gestiones burocráticas. Los que hayan tenido la suerte de ser sus alumnos habrán comprobado cómo sus clases son un discurso continuo e incesante de importantísima historia contemporánea. En ellas intercala humorísticas anécdotas para facilitar a sus alumnos el aprendizaje. Consigue que sus explicaciones históricas sean los más exactas posibles gracias al uso de un lenguaje preciso, conciso y el conveniente para cada caso. Además, frecuentemente hace sumario de lo dado hasta entonces en sus clases con un sonoro y estimulante “¡Atención! ¡Minuto y marcador!” Siempre cercano y simpático, nunca tutea a sus alumnos. No olviden su nombre, Antonio López Vega: un joven maestro que ya es subdirector de la Fundación Ortega-Marañón. Le he pedido que nos hable de Gregorio Marañón, una figura que a mi parecer no tenemos muy presente los jóvenes estudiantes de hoy día.

Antonio López Vega. Noviembre de 1978.

Me gustaría que nos diese un perfil de Gregorio Marañón que nos acercase a su figura.

Gregorio Marañón representa el último tipo de intelectual que viene del Renacimiento. Un hombre con un saber multifacético, no era solo un médico. Era un hombre muy vinculado a la esfera pública, humanista, escribía historia, escribía literatura, ensayos, tiene una vastísima curiosidad universal.

Me da la sensación de que es un intelectual olvidado ¿estoy en lo cierto?

Espero que no, he publicado recientemente una biografía que se está vendiendo estupendamente bien [ríe]. ¡NO! Más allá de la broma, quizá las personas de más de treinta años guardan un mejor recuerdo. Primero por ser un científico humanista, es decir, él siempre tuvo como objeto de su investigación y de su preocupación al hombre, al ser humano por sí mismo. En un tiempo donde la ciencia y la tecnificación llevaban a no tenerlo en un primer plano. Y por su propia faceta de médico preocupado con la España de su tiempo. Piense usted que fue en el despacho de Marañón donde se decide la salida del Rey y llegada de la Segunda República de una manera pacífica y cívica. Ahí donde Romanones y Alcalá Zamora acuerdan el traspaso de poderes. Es a Marañón a quien recurren represaliados de uno y otro bando para obtener el favor de las autoridades públicas de uno y otro lado ¿por qué? Porque su ascendiente moral es verdaderamente sobresaliente. En la sociedad de su tiempo hay pocas personalidades con ese ascendiente.

Hoy también se recuerda a Marañón, no solo por el hospital que lleva su nombre y que es uno de los más importantes de España, sino por el homenaje de la sociedad española que se pudo ver el día de su entierro en 1960, el más multitudinario celebrado hasta entonces en la España del siglo XX. Se puede también ver en las calles o en los monumentos dedicados a él.

A parte del hospital y la estación de Metro en Madrid ¿Qué legado más palpable por el ciudadano de a pié dejó Marañón?

Habría que distinguir varias facetas de su legado. Desde luego en medicina. Médico humanista que tenía una capacidad taumatúrgica de curar. Podríamos decir que es uno de los fundadores de la medicina que hoy conocemos como psicosomática: capacidad de sugestionar sobre el paciente la idea de que se va a curar, en Gregorio Marañón era muy importante. Siempre consideró importante decirle a los enfermos que se iban a curar o, si no era posible, que estaban mejor, para sobrellevar la enfermedad. Eso, hoy sabemos que es muy positivo: crear en el subconsciente de los enfermos esa idea. También es muy pionero en la cuestión de la medicina personalizada. Marañón decía que no hay enfermedades sino enfermos y por lo tanto toda enfermedad debe ser vista en el contexto de la persona. Se interesaba mucho por la vida de los enfermos para intentar llegar al origen de porqué esa enfermedad se desarrollaba en ese organismo y así combatir mejor la enfermedad. Y esto en el fondo es un anticipo de lo que hoy conocemos como medicina personalizada, íntimamente unido a la genómica. Fue un visionario.

Desde un punto de vista social Marañón es un social-liberal. En un tiempo como el actual donde se tiende a confundir liberalismo con desregulación masiva  e irresponsable del mercado, marañón siempre entendió el liberalismo como dos cosas: el fin no justifica los medios y que hay que tratar de entender las ideas de los demás aunque no sean las propias. Eso, unido a un gran afán por la justicia social. El liberalismo español de principios del ’20 estaba intrínsecamente unido a una mayor aspiración a la justicia social y, de hecho, y esta es su pregunta y a donde quería llegar, en el imaginario colectivo siempre se recuerda a Marañón en el viaje a las Hurdes con Alfonso XIII. Aquel viaje que fue la primera piedra para poner fin a la situación de degradación de esa zona, es el paradigma de lo que Marañón representó: no solo poner fin a enfermedades endémicas como tifus, bocio, cretinismo, hambre, etc, sino que también quería reflejar que la medicina tiene que ser una preocupación nacional, tiene que ser una cuestión de estado y no de beneficencia o caridad y por tanto es un anticipo de lo que después hemos conocido como Estado del Bienestar: sanidad pública, universal y gratuita.

Pertenece a la generación del ’14, que como Ortega, quería europeizar España: modernidad, universidad, educación, cultura. Las Hurdes en 1922 representa el oprobio nacional.

Con su explicación nos acercamos a Marañón como intelectual pero ¿es posible acercarse a su persona?

Personalmente es una figura muy atractiva por su variable humana. Los testimonios de la cercanía humana de Marañón son innumerables. Yo no conocí a Marañón y por tanto la biografía que yo he hecho es una biografía, si quiere, más de ámbito historiográfico, académico, donde también se refleja la vertiente humana del personaje. En todo caso, los libros con testimonios sobre el Marañón humano son inundatorios: desde los propios testimonios de Marino Gómez Santos,  a los testimonios de discípulos como Vicente Pozuelo.

Ha dicho usted  que es el último referente de intelectuales del renacimiento.

Lo que quería decir es que la imagen que hay en el subconsciente es que el intelectual es esa persona que opina de todo y sobre todo.

De acuerdo, entonces ¿cuál es el perfil del intelectual actual?

Marañón representa al último intelectual de esa dimensión o esa generación. Después de ellos, los intelectuales que han llegado son intelectuales muy especializados que sin duda opinan sobre otras cosas pero donde verdaderamente ejercen criterio o papel directriz es en sus disciplinas.

Marañón está en la línea de Ortega, sin embargo, a Ortega se le recuerda más que a Marañón.

Sin duda. Ortega y Gasset es el intelectual o pensador español más importante de los últimos 200 años. La obra orteguiana tiene hoy una vigencia que no tiene la obra de Marañón, desde luego, en términos médicos. Fue muy importante en su tiempo y contribuyó sustantivamente al conocimiento clínico de sus días. Con lo que nos quedamos ya no son sus descubrimientos experimentales, endocrinológicos o infecciosos sino con el concepto de medicina que es de lo que hemos hablado al inicio de esta entrevista.

Ortega es un hombre con una filosofía racio-vitalista absolutamente vigente. No son comparables en términos de vigencia. Ortega es vigente y tiene un pensamiento riquísimo con una filosofía contemporánea. Marañón es un médico y tiene mucha incidencia en su momento histórico y su gran legado que nos podría servir para hoy es su manera de entender el liberalismo que le decía antes: el modo en que se comprendió la transición, entender las ideas del otro aunque no sean las propias, para hacer una España de todos.

Tengo entendido que Marañón tenía una especial relación con Toledo ¿o no es así?

Totalmente, no se entiende a Marañón sin Toledo. Por varias cosas: allí tenía su cigarral donde pasó sus mejores horas, como él dijo. Una casa maravillosa donde uno entiende que Marañón encontrase su paisaje prometido, por decirlo en términos orteguianos. Entendió Toledo como la España que él quería: encrucijada de civilizaciones, una España donde entrara todo y todos, que no fuera excluyente sino comprensiva, una España donde la convivencia entre cristianos, musulmanes y judíos no fue, precisamente, sencilla, pero no llegaron al exterminio sino que simplemente, con sus dificultades, la convivencia de las tres culturas pudo ser posible.

Eso se cumple en la España cosmopolita actual

Quiero creer que sí. España es un país moderno, perfectamente europeo como quería la generación de Marañón donde más allá de diferentes sensibilidades políticas hay unos valores comunes, nadie debería sentirse excluido de la idea de España, donde todos nos podemos sentir más o menos a gusto, y donde los canales constitucionales se abren a todo tipo de sensibilidades políticas y donde el único problema que nos quedaba pendiente, el terrorismo, parece que se está llevando a la solución. La idea de España de Marañón es lo que más se aproxima a la actualidad.

La entrevista terminó con un detalle digno del mejor maestro: me regaló su biografía de Marañón. Entonces me iba a yo a casa pensando en cómo llevar el libro en la bicicleta que uso para moverme. Pero no me tuve que quebrar la cabeza: alguien había cortado la cadena y se había llevado mi bicicleta. El día no podía ser perfecto y tuve que volver andando, con mi dignidad ciudadana ofendida. Quizá hable de esto otro día…

Fdo: Esteban Martín

Twitter: emartinp

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