adjunto al director El País

Juan Cruz contra el insulto

adjunto al director El PaísAcudí a esta entrevista en el Café de Gijón con gran ilusión. He leído cientos de artículos de Juan Cruz en prensa y dos libros suyos: Egos revueltos y ¿Periodismo? vale la pena vivir para este oficio, relacionados con la literatura y el periodismo. Deseaba preguntarle cómo ve el ego, el yo, y si con el yo se negocia o se combate. Desde un principio Juan me hizo ver que se combate porque el ego es malo. Esto me sorprendió, fue la primera sorpresa de una fascinante entrevista. Pascal decía que el yo es odiable y parece que Juan Cruz también lo piensa, empezando por su propio yo. Él también se reconoce a sí mismo como un ego revuelto, pero en sus retratos literarios hace gala del “piensa bien y acertarás” y de una cristiana tolerancia con las rarezas y manías ajenas. En un mundo vitriólico como el del periodismo actual, Juan propone que seamos equilibrados y sosegados. El lector que lea esta entrevista advertirá la cuidadosa actitud pedagógica del periodista consagrado a la hora de contestar a un periodista joven: me responde con seriedad y animándonos a profundizar y a evitar la superficialidad. Tuvimos un punto de desencuentro en la entrevista acerca de las posibilidades de los jóvenes periodistas. No las tenemos. Reconozco que este es un largo debate que es necesario plantear con frecuencia y en el que cada uno habla de la feria según le va en ella.

Juan Cruz Ruiz. Septiembre de 1948

¿Cómo se lidia con el ego?

Teniendo en cuenta que es un enemigo. Es lo que ves en el espejo que te puede satisfacer pero al mismo tiempo te puede engañar. De hecho, uno en el espejo se ve siempre al revés.

En su libro Egos revueltos usted cuenta la parte buena de los escritores y los elogia.

No siempre, a veces no.

¿Se ha encontrado con alguno que personalmente le haya decepcionado?

Si, muchos. Pero el problema es que uno no puede mirar a los demás como si uno no se decepcionara a sí mismo. El primer decepcionado soy yo, de mí mismo. De modo que uno debe aprender a perdonar los errores ajenos.

Decepcionado con uno mismo ¿por qué?

Porque generalmente la vida es lo contrario de lo que has imaginado. Empiezas, como dice la canción de José Alfredo Jiménez: empieza siempre llorando y así llorando se acaba. En medio, hay un montón de conflictos, humedades, secarrales. La vida es como un territorio, y uno nunca puede estar satisfecho del todo de nada. A mi me dijo una vez Leonardo Sacha, escritor italiano, que la felicidad es un instante. Pues eso es lo que uno debe de pensar. Los demás tienen derecho a equivocarse igual que nosotros. Esa es la raíz de mi libro Contra el insulto, que acaba de salir. Todos somos merecedores de respeto. El respeto es una gimnasia cotidiana.

¿Qué línea separa el respeto y la idolatría?

El respeto termina en la capacidad de crítica de lo que hacemos, de autocrítica, y la capacidad de crítica informada de lo que hacen otros. La descalificación es la falta de crítica. El insulto es la falta de crítica. El límite es muy radical, no es sencillo delimitar eso. Es muy importante delimitarlo. Y es difícil, porque si por ejemplo tú dices algo de este libro por mi cara, probablemente no dirás nada del libro, lo dirás de mi cara. Hay que profundizar en las cosas. Generalmente no profundizamos en las cosas. Somos ligeros y esa ligereza nos lleva a generar opiniones demasiado arriesgadas y precipitadas de las personas.

Juan, usted ha tenido acceso privilegiado a la vida de muchos escritores. ¿Ha visto cambios en sus vidas entre los inicios y el triunfo?

Si, yo he visto eso demasiadas veces. Gente joven que tiene una enorme capacidad de emocionarse y que escribe literatura emocionante y después, cuando le toca el aliento del éxito, empiezan a pensar más en los contratos y en las giras que en lo que tienen en el alma. Hay una entrevista que yo le hice a Ana María Moix donde habla de eso. Yo estoy de acuerdo con ella porque también ha sido escritora y ha visto cómo crece la vanidad como un elemento de mistificación de la escritura.

Una de las anécdotas que cuenta es que Pío Baroja era muy tacaño ¿Qué relación debe tener hoy día el escritor con el dinero?

Si quiere ser un buen escritor lo primero no debe pensar en él. Y si no es un buen escritor, probablemente no lo sea porque piensa demasiado en él. Para mí, el dinero es la fuente de muchos errores que cometemos en la vida. Querer dinero es destruir muchos amores más cercanos y profundos.

La literatura, hoy en día, ¿se hace como algo para entretener y entretenernos o para marcar paquete?

Para ninguna de las dos cosas debe hacerse. La literatura se hace para explicarse uno a sí mismo, para reconstruirse y ayudar a reconstruirse a otros. Porque lo que nos pasa a nosotros le está pasando al mismo tiempo a alguien en Chechenia, en Tenerife o en Palmar del Río.

¿Qué es más importante: el escritor o la obra del escritor?

Hombre, si es posible, que no se disocien, si es posible.

En ocasiones, escritores personalmente decepcionantes tienen una obra muy buena.

Sí, Pombo se parece a lo que escribe. Es muy auténtico. Manolo Rivas. Era muy auténtico Miguel Ángel González. Pepe Hierro. Generalmente los que tienen raíz poética suelen seguir siendo auténticos. Y los que no, tienen más riesgo de ser inauténticos.

Aranguren decía que no hay intelectuales de derechas.

Hay pocos.

¿Es imprescindible ser de izquierdas para ser un buen escritor?

No, pero sí ser progresistas en el sentido más amplio de la palabra: querer el progreso con otros. Eso es explicar la vida de modo que sea entendida por la mayoría y que ese entendimiento sea útil a las personas.

Ahora me gustaría dejar a un lado los egos literarios y preguntarle sobre periodismo. Eugenio Scalfari dijo que el periodismo es un oficio cruel ¿ha sido cruel con usted o ha sido usted cruel ejerciendo el periodismo?

Seguro. Por eso escribí el libro Contra el insulto. Primero como una autocrítica y segundo como un manifiesto. Porque uno naturalmente insulta. Uno tiene que equiparse para no insultar. Pero tiene que ser un ejercicio cotidiano y es un ejercicio delicado. Es un ejercicio muy delicado. No puedo uno decir “a partir de ahora no insulto”. Yo lo corro cada día y cada día me impongo la tarea de evitarlo.Juan Cruz ruiz

Para Ben Bradlee son más importantes los hechos y las personas que las opiniones sobre los hechos ¿estamos, por el contrario, viviendo hoy en día la efervescencia del periodismo de opinión?

Sí, porque ahora es fácil decir que eres periodista porque envías un Twitter. En la batalla de las palabras, que es el periodismo, han ganado las pocas palabras. Y ha ganado la falta de sustancia, la rapidez con la que se dicen las cosas y eso es muy grave.

¿Ha ahondado esto en el pecado del periodismo de la superficialidad?

Sí, claro. El periodismo ahora es muy superficial, yo no diría más que nunca porque periodismo superficial siempre ha habido. En la dictadura se nos obligaba por decreto a hacer un periodismo superficial. Nosotros hemos sido entrenados en el periodismo superficial, que no nos vengan con cuentos. Lo que está pasando ahora es un problema que se deriva de la efervescencia de las redes sociales, pero no es el peor momento del periodismo. Hay grandes periodistas. Ahora acabo de colaborar en un libro que se titula “Saber contar” y me ha tocado la parte de periodismo.

Hay muchos periodistas consolidados que los jóvenes tomamos como referencia ¿pero no está siendo esa generación de periodistas de entre 50-70 años un tapón para las oportunidades de las nuevas generaciones?

¿Por qué? ¿A qué edad empieza un periodista a ser un tapón? ¿a los 30?

No, de los 50 hacia arriba.

¿Por qué quieres matar a Ben Bradlee?

No me malinterprete. ¿No hay quizá nuevas generaciones que sean tan buenas y que no tienen oportunidades?

Mi sobrino trabaja en El País, tiene 38 años. Acabo de estar en un periódico digital y estaba lleno de jóvenes periodistas. Pueden coexistir las edades. La esencia del periodismo es la combinación de las edades de la gente que lo realiza. Porque uno de los grandes errores de la vida periodística española de los últimos años fue el ERE de RTVE que dejó en la calle a una gente muy experimentada que tenía 50 años hacia arriba y que ha generado un vacío de experiencia en RTVE, en mi opinión.

Me da la sensación de que hoy en día todo el mundo quiere escribir y nadie quiere leer. Hay poca gente que dedique 30 minutos o una hora a leer un libro o un periódico. ¿De dónde se saca hoy en día el tiempo para dedicar a la lectura?

30 minutos es poquísimo. Yo los tengo, tú los tienes.

Yo tengo muchas horas de lectura, pero hay gente que no.

Claro. La gente tiene tiempo para tomarse una cerveza en el bar, para ver la televisión… tenemos tiempo para muchas cosas.

Pero ¿los invertimos mal?

Claro. No, lo invertimos como nos da la gana. No tenemos ninguna exigencia respecto al tiempo. El tiempo es lo que exige más rigor en el hombre. Es lo único que tenemos: tiempo.

¿Qué vocación acompaña mejor a la de periodista?

La de médico. Porque si un médico se equivoca es fatal. Y si un periodista se equivoca, es fatal.

Me ha sorprendido. Pensé que diría: economista, historiador, filólogo…

No, médico. La ética del médico. Si un cirujano te deja mal, es fatal. Si un periodista dice algo de ti que no es cierto, es terrible.

Termina la entrevista y Juan Cruz sale casi corriendo en busca de un taxi: lo esperan en la redacción de El País. Yo, vuelvo a casa andando por los bulevares pensando en el periodismo futuro y en el futuro de la profesión.

Fdo: Esteban Martín

Twitter: @emartinp

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