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Ramón Arangüena: “En el contacto diario es donde habría que recuperar el humor”.

PeriodistaCuando se abrió la puerta de la octava planta y lo vi, por un momento temblé: “joder, es Ramón Arangüena” pensé, pero una vez dentro de su casa volví a ser el periodista confiado de todas las entrevistas. Es igual que en la tele, pero más alto de lo imaginado. Un niño pequeño, su hijo, se acercó a la entrada a curiosear quién había venido, le dio un beso a su padre, y desapareció. Me sorprendió encontrar la casa tan ordenada, la sospechaba desordenada y llena de juguetes: Ramón solía llevar a la tele algunos juguetes de sus hijos. Al fondo, el trabajo de alguien en la cocina coronaba el clásico ambiente de una casa familiar. Nos resguardamos en el salón, donde un restaurado reloj de pared marcaba un tempo sosegado a nuestra conversación. Quizá para él, acostumbrado al rumor, pasó desapercibido, sin embargo, el tic tac no fue nunca ajeno a mí en toda la reunión. Inconscientemente comenzamos hablando del estado de la profesión periodística. Por suerte, la campana que indicaba las 12:30 de la mañana hizo que súbitamente cambiásemos de rumbo la conversación, como si se tratase de un enfrentamiento de boxeo.

Ramón Arangüena, Palencia 1964.

No podemos decir que sea humorista porque es periodista. Aunque hace un periodismo, más que humorístico, diríamos gracioso.

Yo soy muy serio, como ves. No sé contar chistes. La gente del norte tenemos un sentido del humor como serio. Yo he trabajado siempre en periodismo, comencé en El Caso, después en Panorama. En la crisis del ’93 me metí en un programa de cirugía y cuando acabó el programa del doctor Beltrán, “En buenas manos”, toda aquella gente se puso a hacer un programa de humor. Querían hacer pruebas a periodistas y actores para entrevistas absurdas. Como yo siempre estaba de cachondeo de ahí surgió la idea y estaba yo en paro en ese momento. Fue el cambio, me metí en Lo + Plus, todo el mundo me veía como un humorista.

Yo le he seguido desde pequeño, en Lo + Plus.

Muy pequeño tenías que ser.

Sí. No sé hasta qué punto ese programa era apto para mí.

Efectivamente.

Me he dado cuenta leyendo su libro, que más que comedia, hace humor de sonrisa, más que de risa.

Efectivamente.

Lo que me ha pasado con su libro es que una vez lo he leído, ya no puedo leerlo una segunda vez, no me hace gracia.

Exacto.

Un problema del humor es que se gasta.

Sí. Por eso no te pueden contar los chistes dos veces. Ya te los sabes. En este caso, lo que he querido hacer siempre es buscar un lado extraño de la vida, mostrar situaciones raras. Lo que sí puede ocurrir es que un día con amigos, lo cojáis y lo leáis en grupo. Entonces sí vuelve a tener gracia. Me lo ha dicho gente: si el que lo lee es gracioso, si hay ambiente de copas, se vuelven a reír a carcajadas.

En su experiencia profesional ¿diría que el español tiene sentido del humor?

Sí. El español tiene mucho sentido del humor. También sentido de la tragedia [ríe], por eso me gustan mucho estas cosas de humor loco y tragedia romana. Me gusta ese humor negro que está desapareciendo o que ha desaparecido prácticamente. Ahora todo es políticamente correcto.

Sí. Una de las cosas que critica en el inicio del libro es que ahora todo es políticamente correcto. Quiero enseñarle una foto que circula por Internet y que nos pasamos los jóvenes. No es políticamente correcta y mucha gente diría que es cruel. El humor va asociado a la crueldad.

En algunos momentos sí, y en ridiculizar a la gente. Si consigues no ridiculizar a la gente, no ser cruel, etc, el humor es impresionante.humor, chiste

Sí, sí, sí, sí, sí, está muy bien. Sería cruel y sería políticamente incorrecto. [Ríe] Sí, sí, sí, sí, es políticamente incorrecto. Eso lo puedes enviar como anónimo. Si mañana a un director se lo presentas parar hacer humor sobre esto, te dice que si estás majara. Salvo que traigas a ese chaval, sabiendo que es mongólico, creo que es, y que él mismo se ría de sí mismo. Y aún así, con pinzas.

Humor, crueldad, políticamente incorrecto. En un medio de comunicación de masas, al siguiente día se echarían encima partidos políticos, asociaciones, … hay quien puede pensar que si a todos nos hace gracia ¿por qué no lo aceptamos? Aunque nos hagan gracia estos chistes, todos respetamos a esas personas y las integramos en la sociedad. Este tipo de humor desdramatiza la vida.

Sí, puedes desdramatizar, pero se te echa todo el mundo encima. En España había una actriz muy famosa que en el 1,2,3 hacía humor imitando un tartamudo. Todas las asociaciones de tartamudos protestaron. Y la gente no lo entendía… hasta que la gente dijo bueno, estamos evolucionando y vale ya de hablar de tartajas. En Estados Unidos creo que no ocurre, se sigue haciendo humor salvaje y no pasa nada. Obama puede hacer chistes de negros. Aquí es imposible, y eso que casi no hay negros.

Es positivo. También te obliga a darle vueltas a la imaginación. El otro día entrevisté a José Mota, que está consiguiendo hacer humor para todos los públicos, que es raro, y también está consiguiendo hacer humor sin ofender a nadie, en teoría. Él me decía: “Quien esté libre de pecado, que tire la primera broma”. Todo el mundo hemos hecho humor políticamente incorrecto pero la tendencia es a que desaparezca y se te puede caer el pelo.

Podríamos decir que este es un ejemplo de humor negro. ¿podríamos decir que el suyo es humor blanco?

Bueno, humor negro, en teoría es todo lo que va de la muerte: Mariano levántate, levántate de la cama y vístete/ no puedo que me estoy muriendo/ levántate que luego cuesta mucho trabajo cambiarle de ropa a los muertos. Eso es humor negrísimo. Antes no pasaba nada pero ahora a la gente no le hace gracia hablar de a muerte. Antes era más cotidiana la muerte, se moría un hijo y decían “qué faena”, pero tenían catorce. No era tan grave. Ahora como solo tienes uno, ¡es terrible!, como entonces también lo era, pero la gente tenía una relación diferente con la muerte y el humor negro existía.

Cuando yo nací había por todas partes, ahora solo queda El roto, creo.

El humor evoluciona con la sociedad. A mi generación, quizá no nos hagan ya gracia los chistes de Martes y trece. Nos pillan muy antiguos.

Sí, os pillan muy antiguos, puede que algunos sean clásicos. La Empanadilla de Móstoles es un clásico. A mi los humoristas no me hacen mucha gracias. De pequeño cortaba la tele, no sé por qué. Veo poca tele y programas de humor poquísimos. Muchachada nui en Internet, que te quita lo malo: los programas que tienen que llenar media hora pues tienen cosas buenas y el resto relleno.

Si podemos clasificar a las generaciones por el humor, también podemos clasificar distintas sociedades.

Sí. Yo creo que la sociedad se mueve y el humorista tiene que adaptarse. Un científico puede cambiar a una sociedad o incluso un literato, un pensador. Marx cambió la sociedad, Fleming también. Pero un humorista es raro que la cambie. Puede dejar frases: “si no es por ir…” o los Morancos con las omaítas. Entonces los humoristas son los que se tienen que adaptar y el que no se adapta va fuera.

Una cosa que también critica en la introducción es el entretenimiento: usted diferencia entre entretenimiento y humor. Podríamos decir que el entretenimiento es pasivo y el humor requiere de un esfuerzo intelectual.

Sí. El problema es que estamos entretenido continuamente. No sé si hablo de eso ahí.

Sí, que todo tiene que ser entretenido.

Y si no, ya no gusta. Hoy en día la gente no se aburre. Yo de pequeño me aburría muchísimo. Creo que mucha gente, no lo digo por mí, pero grandes pensadores han pasado una infancia aburridísima.

La sociedad necesita tantos medios de comunicación porque se aburren porque no saben las personas  hacer algo consigo mismas.

Claro. Yo creo que es por eso. Una persona es incapaz de estar una hora entera sin estar tecleando algo, se habla ahora mucho de este asunto: que la gente ya no sabe relacionarse de tú a tú, en lugar de cómo se pensaba en los inicios que tendríamos muchos amigos. Estamos llegando al punto, como en Japón, que los jóvenes menores de 20 años no hacen el amor.

La gente está tan entretenida que no tiene tiempo de pensar, se los llevan los ríos de la comunicación, exceso de comunicación.

Hace no mucho me hicieron una entrevista en la radio y mientras respondía, el chico iba respondiendo a todos los chats que llegaban. Así no se puede hacer radio, no se puede hacer nada. No te das cuenta de que tienes una persona al lado a quien tienes que escuchar y a quien tienes que hablarle, y sin embargo, estamos conectados con todo el mundo. Creo que esa idea de estar continuamente haciendo cosas es contraproducente. Un tío me decía el otro día que estaba en el mediterráneo con su hijo pescando y digo: ¿pican?. Y me dijo: da igual, lo que quiero es que aprenda a tener paciencia, a no hacer nada, están todos histéricos.

Retomando un tema que hemos tratado antes: en España hemos tenido grandes parejas de humoristas: Martes y Trece, Cruz y raya, pero en el siglo XXI se ha puesto de moda el monólogo.

Uf, no lo soporto. Yo soy de grandes óperas, me gustan las cosas a lo grande. Un monólogo, de un señor que sale a hablar me cuesta… Los arranques, que fueron un súper éxito, siempre eran iguales y hablaban de las mismas cosas. A veces me nombran como monologuista y flipo, yo que no tengo memoria ni para cinco líneas seguidas.

¿Es un género finito?

No, no sé si finito, pero estamos saturados. Está bien porque no necesita mucho montaje y luego depende mucho del texto y de la persona que lo haga, Leo Harlem es fascinante, lo ha revitalizado, es un genio, no sé si lo escribe él pero le da un toque de chuleta enterado de taller de coche que me encanta.

Es importante, lo que se dice, cómo se dice y quién lo dice. Otras personas, con el mismo monólogo que Leo Harlem, no tendrían la misma gracia.

Exacto. Está clarísimo. Y luego piensas en teatro donde hay también buenos monologuistas: El brujo, yo puedo escucharlo hora y media.

Esto tiene que ser muy variado, siete u ocho minutos y en seguida el siguiente, porque si no ya te das cuenta de que aquello no tira mucho. Me gusta reírme con otras cosas, como el teatro o el cine.

El periodismo de hoy en día tiende a dramatizarlo todo, incluso las noticias más triviales.

Sí, sí. El Caso desapareció porque hoy en día todos los medios abren con sucesos. Por ejemplo, aunque no sea trivial, hace veinte años era impensable que una noticia de tráfico en una carretera local fuera portada de un telediario, estabas habituado a ello.

Quizá tiene que ver con lo que hemos hablado al inicio sobre el tratamiento o concepción de la muerte.

Antes, cuando había un accidente te parabas por si necesitaban ayuda y si no, seguías. Ahora te paras para ver, “fíjate se ha estrangulado la pierna”, el amasijo de hierros, los bomberos, y todos los días la misma historia. Hay accidentes todos los días. O por ejemplo el tiempo: se ha desbordado el río nosequé. Se ha desbordado desde el siglo XIX y ahora se le da mucho énfasis a los vecinos cuando a sus mismos abuelos les pasó lo mismo. Todo tiene que ser terrible.periodista

Un tratamiento gracioso de ese tipo de noticias no sería correcto.

No, pero si te sale un señor diciendo: “Fíjate, me va a llegar el agua al cuello, pero he aprendido a nadar” pues qué alegría. Hay que desdramatizar.

Frente a esta dramatización, en nuestro blog hacemos loconocimiento, tratamos los temas de forma amena, aprender de forma entretenida, aunque no le guste mucho el término. ¿Sería esto irnos al lado contrario: de la dramatización, a una banalización de todo?

Puede ser, pero estamos tan mal en España y en todas partes que yo creo que un poquito de desdramatización estaría bien. Es como Gila cuando era capaz de decir: “¿es el enemigo?” con un teléfono. No sé si meter humor en las noticias estaría bien, todo va a peor, si no en las cosas en general, en el contacto entre la gente. Recuerdo el humor británico, le decías a un señor “tiene una araña ahí, quizá le pique”, y te respondía “está haciendo sus ejercicios matinales”. En ese contacto diario es donde habría que recuperar el humor. Me hace gracia cuando la gente dice “vamos a hablar pero de “la cosa” no”, para esquivar la crisis.

¿Pueden haber creado los medios una burbuja de la crisis? Todo el día lanzando mensajes negativos, la prima de riesgo.

La prima de riesgo es un caso aparte. Ha estado más alta hace unos años y nadie sabía quién era la prima de riesgo ni le pasaba nada porque como los periodistas no tenemos ni idea de economía en general pues a nadie le importaba. De pronto, todo el mundo ha hecho un Máster sobre la prima de riesgo y sobre comunicación y se ha convertido en la cosa más importante. La crisis está ahí, pero no recuerdo una tan dura. La del ’92 duró un año y medio y ésta lleva ya cuatro años.

Los periodistas la han podido engrandecer.

No lo sé. Los que se engrandecen son los que creen que de las crisis se sale reforzado. Debajo de mi casa hay una tienda de coches de lujo y jamás ha habido tanto movimiento de coches carísimos saliendo de ahí.

El lema del blog es ezonolepazana, ezotawenotó.

[Ríe] [jajaja]

¿Hay que tomárselo todo así o tampoco tanto?

Aquí podriamos decir: aestonolepazacazina, ¿eztohayquetomarlotó?

Ezotawenotó

Pues, ezotawenocasitó. Ahí meter un casi. Porque de esta historia hay que salir revitalizados.

—-

De repente, al igual que al inicio, el reloj la campana vuelve a sonar, es la una de la tarde, marcando el fin de la entrevista. Ha sido una conversación muy agradable y divertida. Incluso diría corta.

Fdo: Esteban Martín

Twitter: @emartinp

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