C. Sánchez: “El 15m es un movimiento espontáneo y limpio”

consuelo sanchez vicente
Consuelo Sánchez Vicente

La siguiente entrevista a Consuelo Sánchez Vicente (1953) data de 2011, cuando comencé esta serie para Ezotawenoto.com. Ahora la recojo aquí para archivarla junto al resto.

¿Se puede decir que hay alguien detrás del 15M?

No, es un movimiento espontáneo y limpio, como todo lo de Internet. Está hecho en un lenguaje que no es el dominante ahora mismo en la sociedad, es el lenguaje de la gente joven. Las redes sociales son un medio de movilización y comunicación para sus usuarios con una enorme capacidad de convocatoria.

Cuando una de esas iniciativas salta a la calle, puede ocurrir, como ha ocurrido en Sol, que al hacerse eco los medios de comunicación, gente que se siente afectada o concernida, identificada con lo que está sucediendo, se suma. Desde la casa de cada uno el Estado parece un monstruo que te oprime pero al ver que cosas, que tu solo en tu casa pensabas que eran imposibles, en cuanto se junta gente en distintas plazas, con tienen eco y altavoz, las cosas incluso tienen visos de ser posibles. En cuanto observas todo eso te sumas, te ilusionas, tienes esperanza, crees que puedes conseguir mover algo que solo en tu casa con tu ordenador no podías.

Pero tiene el mismo problema que todos los movimientos populares y es que hace falta un líder para canalizar las inquietudes y que no degenere la iniciativa en frustración.

Cuando la gente, que cree que no tiene ni voz ni voto, ni pincha ni corta, que no tiene trabajo, que le dicen que no tiene futuro, que no va a tener casa, que son una generación perdida, que son unos Ni-Ni, se ven en una plaza, ven que son muchos y ven que desconciertan al gobierno, silencian a la oposición, paran a la policía. Pueden pensar que tienen maniobra, es la vieja historia de la unión hace la fuerza. Empiezan a proliferar iniciativas, con un talante pacífico y democrático, el que hay en Sol.

Lo que pasa con todos estos movimientos es que en su propia apuesta máxima por el máximo de democracia tienen el germen de su destrucción porque no tiene un líder que pueda sistematizar lo que se está pidiendo y servir de interlocutor por ejemplo con un Gobierno. El gobierno no puede hablar con la plaza, debe hablar con un líder. Si ese movimiento tuviera unos líderes podrían buscarse, como en cualquier otra organización, una interlocución con los poderes para darle cauce por lo menos a alguna de tus iniciativas y que no quede solo en “nos hemos juntado unos amigos para hablar”.

Ahora mismo, si se prolonga la situación de la acampada, va a quedar una gente más parecida a lo que son los movimientos ocupas, movimientos más marginales, que no es exactamente el movimiento de la puerta del Sol. Gente un poquito más pasota, más antisistema en el sentido de que se sienten excluidos del sistema y no va agrupar a todo lo que ha habido allí que es gente con inquietudes y con demandas reales y factibles.

La falta de liderazgo se puede cargar el movimiento, pero por su propio nacimiento entienden la democracia como “todas las voces” pesan lo mismo. Por agotamiento, el gobierno no tiene más que esperar a que la gente se canse de estar allí y se vaya a su casa.

Lo que se está hablando ahora de hacer pequeñas células en los barrios, está bien, pero eso debe alimentarlo alguien todos los días. Hace falta una organización y eso es casi un trabajo, y lo que era un debate libre y medio libertario se convierte en un trabajo y ya tienes que nombrar jefes y soldados, alguien que manda y alguien que obedezca.

Al final tienes que hacer violencia y fuerza, reproduces un Estado. Si no hay líder, el movimiento se disuelve y degenera, que es el peligro que corre este.

¿Qué opción tiene ahora mismo este movimiento?

Debería volver a la red, seguir teniendo iniciativas, eventos, actos. Si son movimientos asamblearios deben durar poco tiempo. Puede llegar un aprovechado y hacerse cargo del chiringuito, e instrumentalizarlo, redirigirlo en una dirección o en otra. En la campaña electoral hubiese sido un error disolverlo porque no ha interferido en la jornada de reflexión. Ha ayudado a que gente que no pensaba votar lo hiciese, o gente que estaba harta del PP y de PSOE se ha dado cuenta de que hay partidos pequeños que han sacado votos, gente que estaba harta de una izquierda se ha dado cuenta de que hay otra izquierda, o gente que no sabía muy bien quién le podía dar solución ha hecho una apuesta y ha votado a la derecha. Este movimiento ha hecho pensar. Eso es muy bueno para una sociedad. Pero corren el peligro de si siguen ahí y se enquistan, de que los manipulen y los acaben echando a gorrazos porque los manipulen.

Lo más importante es que se ha visto que existe una fuerza social que expresa su hartazgo, que está cansada, que sugiere alternativas, que quiere cambios y modifica la realidad en las urnas.

¿Ha sido influyente en las elecciones?

El palo del PSOE me parece impensable sin los movimientos de las plazas. No es un movimiento ideológico en el sentido clásico, izquierda-derecha, es el desastre de gestión de los que están. Hay que darles una lección, que se vayan a casa y vengan otros, que no sabemos si lo van a hacer mejor o peor, pero otros, porque los actuales son un desastre.

Un movimiento interesantísimo que debería seguir en la red que es su sitio natural, donde no lo puede manipular nadie. Salir con hechos concretos y movilizar a la gente ante acontecimientos concretos.

Es un movimiento muy joven, que no piensa por sí mismo sino que piensan cada uno de sus integrantes, no tienen un pensamiento sistematizado. Es una nueva generación patrocinada por Internet. A un joven no le podemos pedir la madurez intelectual de un adulto.

La plaza es idealista y gente más mayor como yo, que hemos ido, hemos vuelto, ido y vuelto, y estamos quemados, no tenemos la frescura de la juventud. Puede ser inmadurez o infantilismo, pero lo que mueve el mundo son los cambios y los que patrocinan los cambios son los jóvenes.

Cada generación hereda el pasado pero su presente lo tiene que escribir ella y proyectarlo hacia el futuro. Hace 32 años no había democracia y ahora sí, imperfecta, pero no había.

Fdo: Esteban Martín

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