L. M. Anson: “El régimen está agotado y hay que llamar a las nuevas generaciones”.

Luís María Anson
Luís María Anson

Luis María Anson es un personaje debatido: es y ha sido siempre polémico; ha participado y participa con intensidad en los debates sociales y políticos del momento. Sin haber desfasado, lleva en el candelero más de cuarenta años; y el candelero está encantado de que siga dando su opinión y dedicando sus cartas de EL MUNDO a los personajes o asuntos de la semana. Hace un tiempo quise hablar sobre la monarquía con alguien que conociese el tema. Don Juan Carlos no concede entrevistas, y buscando información, encontré un libro titulado Don Juan, en el que se narra todo el proceso, desde el final de la Guerra Civil hasta la Transición, para restaurar la monarquía. Así, me puse en contacto con Anson: el mítico periodista de la Transición, el director del “ABC verdadero”; un hombre abierto a la juventud y a las nuevas manifestaciones artísticas. Me recibió en su despacho de El Imparcial, en la calle Alfonso XII de Madrid. Me imaginaba a Anson como un personaje solemne. Y así es: muy solemne. Pero también despierto y audaz, manifiesta una honradez y apertura de miras extraña en la gente de su edad. Mantuvimos una interesante conversación que se alejó de la monarquía como tema, sin dejarla de lado del todo. “La fuente es el mensaje” nos decían en la facultad de periodismo; y al decantarme por Anson, en lugar de por cualquier republicano de nuevo cuño para hablar sobre el modelo de Estado, opté claramente por un discurso promonárquico. Creo que acerté, y los lectores verán porqué:

Luis María Anson Oliart, Madrid, 1935.

¿Qué pasó con su Seat-600 que es tan protagonista como usted en el libro?

No, no sé. Supongo que se envió al desguace porque estaba muy viejo o lo acogió alguna de mis hijas. Ha desaparecido. Pero sí hice fácilmente 230 viajes con un Seat-600 por aquellas carreteras de la época: Madrid-Estoril, Estoril-Madrid. Nunca se estropeó. Tuve coches estupendos, Cádilac, Mercedes, todos se me han estropeado por el camino. En cambio, el Seat-600 nunca se me estropeó. Se calentaba un poco, había que abrirle el motor, que lo llevaba por detrás. Un coche sorprendente, por eso tuvo tanto éxito.

He leído con entusiasmo este libro en el cual adopta una postura clara en pro de Don Juan ¿le ha agradecido Don Juan Carlos su apoyo incondicional a la monarquía?

Nunca le he preguntado pero supongo que habrá leído el libro con interés. Me ha hecho algunas alusiones sobre él que demuestran que –él no es muy lector de libros- pero que lo ha leído. Este es un libro en el que se dicen todas las cosas positivas de Don Juan pero también todas las negativas. No escondo absolutamente nada de los errores ni de las deficiencias que tuvo. Porque me lo pidió así. A lo mejor no lo hubiera hecho pero me lo pidió expresamente él que se subrayaran los errores y los problemas que tuvo.

Entre las virtudes que destacan de Don Juan, es que era el Rey con mayúsculas y usted emplea las palabras Don Juan y Rey como sinónimos, quería decir que Don Juan estaba como embebido de la realeza ¿encarna Don Juan Carlos la realeza al igual que su padre?

Es difícil explicar eso, a Don Juan todo el mundo le daba tratamiento de majestad y le llamaba Rey. Hasta la mujer de Franco le dio tratamiento de majestad. El único que nunca le dio tratamiento de majestad fue Franco. Pero todos los demás, desde su hijo, el príncipe de Asturias, hasta sus hijas, o su entorno, los políticos de Franco, todos le daban tratamiento de Rey. Él tenía un concepto histórico de la realeza como el servicio al pueblo al que pertenece el Rey. Esa era la idea que tenía. Era una persona que estaba dispuesto, como así hizo, a sacrificarlo todo por España y a estar al servicio del pueblo español. En sus declaraciones a lo largo de casi cuarenta años siempre insiste en la misma idea; por lo menos hay 20 o 25 declaraciones en las que dice: el papel de la monarquía, de esa monarquía que él encarnaba en el exilio, es devolver la soberanía nacional al pueblo español que había sido secuestrada por el ejército vencedor de la guerra civil o de la guerra incivil, como digo yo. Y cuando su hijo se convierte en Rey el 22 de noviembre de 1975 como sucesor de Franco, Don Juan, el día anterior firma un manifiesto en el que trabajamos mucho Pedro Sainz Rodríguez y yo en París en el cual la primera cosa que le exige a su hijo para renunciar a los derechos dinásticos es que se convoquen elecciones libres para devolver la soberanía al pueblo español. Cuando Don Juan Carlos convoca esas elecciones para el 15 de junio de 1977, es cuando Don Juan decide abdicar y lo hace el 14 de mayo de ese año, un mes antes de esas elecciones.

En la pág. 14 escribe usted: “Doña María permaneció siempre al lado de Don Juan. Estuvo también, eso sí, haciendo todo lo posible para que no se produjera un choque entre el padre y el hijo. Y su tacto, su habilidad y su firmeza fueron decisivos para que no se llegara a una situación de ruptura”. ¿Temió usted en algún momento que esto llegara a producirse?

Sí, lo temí. Lo que pasa en el mes de julio de 1969 pues, en definitiva, es que Don Juan, que tenía los derechos dinásticos, y un hijo que siempre había visto por los ojos de su padre, aceptó que su hijo fuese nombrado sucesor a título de Rey por Franco a través de dos cartas: una de Franco, que era una carta fría, lamentable; y otra de Don Juan Carlos que no era mucho mejor. Y por lo tanto la actitud de Don Juan en ese momento fue una actitud de extraordinaria dureza. Efectivamente, doña María, que estuvo siempre al lado de su marido, como era su obligación entre otras cosas porque su marido, además de marido era su rey, hizo todo lo posible por limar asperezas entre Don Juan y el Rey. Don Juan Carlos siempre quiso mucho a su padre y fue una cuestión de un par de meses. La gente cree que fue más, no, al par de meses comenzaron a hablar con fluidez y Don Juan entendió que debía jugar el papel de facilitar que la monarquía que encarnaba su hijo –que hubiera durado 3 o 4 años- pues pudiera consolidarse al transformar la monarquía que había hecho Franco en una monarquía como las demás Europeas. Ese fue el trabajo que Don Juan hizo entre 1969 y 1975 y que es un trabajo de extraordinaria sagacidad y de un patriotismo y de una abnegación extraordinarias.

Dependiendo del libro de historia que lea uno, Franco aparece como audaz o como un zoquete ¿sospechaba Franco que el rey traicionaría los principios del movimiento?

Yo creo que Franco no tenía la menor confianza en Don Juan Carlos ni en ninguno de los políticos. Tenía confianza ciega en el ejército: creía que el ejército no iba a tolerar ninguna desviación de los principios del 18 de julio y eso es en lo que se equivocó: no porque no estuviese a punto de pasar –porque el 23 de febrero es eso-. A los 6 años de morir Franco, el ejército no está de acuerdo con la política que se está haciendo y se subleva. Lo que pasa es que el ejército tiene entre otras muchas virtudes, la de la disciplina, y su capitán era el Rey y cuando el Rey se pone su uniforme de capitán general de los ejércitos y desde la televisión ordena a los militares sublevados que regresen a sus cuarteles, salvan así la democracia porque le obedecen. Pero Franco nunca tuvo confianza, yo creo, que ni en su mujer, no tenía confianza en nadie: era un hombre especialmente receloso. Lo que sí creía era que el ejército vencedor de la guerra iba a mantener los principios del 18 de julio a toda costa.

Esas simplificaciones sobre Franco son siempre negativas: Franco era un hombre de la clase media española que tenía muchas de las cualidades de la clase media: era un hombre ahorrador, era un hombre austero, religioso, que creía en la familia, era un militar, tenía un gran sentido del deber, y tenía una cualidad que no le falló nunca que era el valor personal. Lo demostró en África durante la guerra y cuando quiso presidir un consejo de ministros sabiendo que podía morir en cualquier momento. Al lado de esas cualidades pues tenía todos los defectos que puedes concebir: no era excesivamente inteligente, ni tenía una gran cultura, ni estaba bien preparado; era muy simple y muy simplificador. Era muy mezquino, incapaz de cualquier generosidad. Tengo una opinión muy negativa pero me gusta analizarlo con objetividad.

En la pág. 75 Sainz Rodríguez dice: “Lo que hace falta es que la providencia convierta a Franco en fiambre enseguida, no vaya a ser que se dé cuenta del error que ha cometido al designar al Príncipe”. ¿Qué error era este?

Don Pedro tenía una idea muy clara de los Borbones y decía que siempre estaban al lado del poder. Y España no es como ahora, donde se ha consolidado una clase media muy fuerte, era un país de izquierdas ideológicamente; y por lo tanto Juan Carlos se pondría del lado de la izquierda. Don Juan Carlos debía atraerse a la izquierda.

¿Le está dando la espalda la izquierda a la monarquía?Anson

Yo creo que no. La izquierda española es sustancialmente el PSOE. El Partido Comunista en IU estuvo al lado de la monarquía con Santiago Carrillo; desde que Carrillo dejó de ser el líder del partido, la actitud de ese sector de la izquierda es muy parecido al de la extrema derecha. La monarquía tiene dos flancos descubiertos: la extrema derecha del antiguo franquismo que está radicalmente contra lo que representa don Juan Carlos y la extrema izquierda del viejo comunismo estalisnista que está también en contra. El resto de la vida nacional, no es que sientan entusiasmo monárquico, les parece que la monarquía funciona bien y yo creo que todos prefieren una figura como el rey de arbitraje y moderación en la jefatura del estado que no un presidente de la república elegido por el partido. En tiempo de Felipe González, el presidente de la República hubiera sido Narcís Serra, y en tiempo de José María Aznar el presidente habría sido Federico Trillo. Los partidos políticos no quieren a Federico Trillo como presidente de la República o a Narcís Serra; prefieren la solución que ha inventado la ciencia política de una persona que está elegida por el sufragio universal de los siglos, esa es la fuerza que tiene la corona en la monarquías democráticas.

Sin duda esa es la mejor virtud de la monarquía pero ¿cree que a la juventud de mi edad, por ejemplo, que se supone que heredaremos la España del futuro, sabemos valorar el papel de la monarquía?

Yo creo que no. Creo que ahí se ha actuado con una enorme torpeza. La Transición fue una operación de circo con un éxito político extraordinario, admirado en el mundo entero: se pasó de una dictadura de 40 años a una democracia plena sin trauma y sin sangre, cosa que no pasó en Portugal –por poner un ejemplo cercano a España-. Y esa operación que se hizo magistralmente, luego, las gentes que participamos en ella, lo mismo los políticos que los financieros, que los obispos, que los periodistas, no hemos sabido trasladar lo que eso significó a las nuevas generaciones. Hoy las nuevas generaciones de 45 años hacia abajo, el 70% es indiferente a lo que se hizo en el 78, el 90% están indignados y el 100% están asqueados. Esa es la realidad.

¿Eso es un problema en el futuro próximo?

Es un problema inmenso. No hay más que una solución: una reforma constitucional –que no la reforma constitucional que propugno yo, que propugnaría Felipe González o José María Aznar-, es la reforma constitucional que tenéis que hacer vosotros. Esa reforma constitucional la tiene que amparar el rey, el gobierno, los grandes líderes políticos… pero hay que llamar a los líderes de las nuevas generaciones, a los líderes políticos, económicos, religiosos, universitarios, intelectuales, teatrales, deportivos… y que digan lo que quiere la nueva generación. Las nuevas generaciones no van a aceptar nunca un sistema en el que no han participado, en el que no han mojado. Toda generación quiere ser protagonista del sistema en el que está. Y el error inmenso que hemos cometido ha sido que nadie se ocupó de explicarlo: piensa que hoy un señor de 45 años tenía 7 años cuando se hizo la Transición, están totalmente al margen y no se ha sabido decir qué es lo que quieren las nuevas generaciones, qué reforma constitucional hay que hacer, qué incorporación hay que hacer. Al final, si a las nuevas generaciones no se les da el protagonismo de que hagan la reforma que ellos quieren, un día se hará una reforma constitucional desde fuera del actual sistema constitucional y vete a saber lo que puede ocurrir en España. Por eso hay algunos que estamos propugnando en estos momentos que los principales catedráticos de Derecho Constitucional, bien auspiciados desde Zarzuela por el Rey, convoquen a los líderes de la juventud actual para saber qué sistema político quieren. A lo mejor no quieren la monarquía.

Yo creo que hay indiferencia hacia la monarquía, hostilidad creo que no hay. Y por lo tanto, el hacer un sistema como el de Suecia, Dinamarca o Bélgica es una cosa que puede ir adelante. Pero la fórmula del Estado de las Autonomías, el gasto excesivo de 17 Estados de pitiminí, yo creo que todo eso hoy hay un sector de la juventud que lo rechaza. Pero no me atrevo a decirlo, hay que llamarlos a ellos y que lo digan ellos. El error inmenso sería pretender hacer una reforma constitucional hecha por los que hicieron la Constitución. La reforma la tienen que hacer las nuevas generaciones, que se sientan partícipes de ese sistema, que lo tienen que crear ellos.

Yo llevo ya seis años diciendo que el régimen está agotado y que hay que llamar a las nuevas generaciones para hacer la reforma.

¿Están capacitadas estas generaciones?

Sí. Al principio nadie me hacía caso. Ahora ya ha empezado a tomar cuerpo esa idea y estoy muy satisfecho de ello porque fue muy audaz el momento de lanzarlo. Pero yo me daba cuenta de que si quieres que prolonguemos el sistema que hemos creado y que es el que se ha incorporado a Europa, es necesario que las nuevas generaciones participen de él y, por lo tanto, hay que hacer una reforma que sea hecha por vosotros. Si eso no se hace un día se vendrá todo abajo, se vendrá todo el tinglado institucional abajo, como ha pasado históricamente: el canovismo dura desde 1886 hasta 1923; pero ya en el 20-21-22, estaba agotado el sistema, el rey se equivocó y en lugar de incorporar a las nuevas generaciones a que hiciesen la reforma, aceptó el golpe de Estado de Primo de Rivera y hundió a la monarquía. Franco entró en Madrid en el ’39 y estuvo hasta el ’75, los últimos años nadie creía nada del franquismo ni del consejo, la secretaría general del movimiento, estaba agotado, estaba la figura de Franco con el que la gente no se metía, pero estuvo 36 años. Don Juan Carlos lleva ya 37 y no se ha sabido incorporar a las nuevas generaciones. Esto está terminado, el régimen está agotado. No digo que hay que cambiarlo, digo que hay que modificarlo. Yo creo que lo bueno sería una evolución del sistema, lo demás sería una revolución, y las revoluciones sabes cómo empiezan y nunca cómo terminan. Y teniendo en cuenta en estos momentos que hay una crisis económica profunda y que hay elementos muy violentos de la extrema izquierda, todo eso, podría conducir  a una situación muy compleja para España de nuevo. Tenemos una tradición cainita que hay que procurar no volver a caer en ella.

¿Realmente esa gente tiene, fuera de su campo, autoridad o conocimiento para hablar sobre el sistema?

Yo creo que sí. No tienes más que hablar con Pau Gasol o con Nadal, saben perfectamente lo que quieren: quieren una España estable, en la que no haya corrupción, en la que se moderen los gastos del Estado. Cuando he hablado con ellos quieren que se mantenga la institución monárquica pero con unos condicionantes distintos. La mayoría de ellos cuando hablan les gustan mucho un sistema como el noruego, como el sueco, y es lo que quieren. Habrá otros que quieran una cosa distinta, pero lo que hay que hacer es saberlo, qué quiere la juventud española como sistema de gobierno futuro. Y desde luego lo que es claro es que hay un rechazo a la voracidad de los partidos políticos, de la voracidad de los sindicatos, del gasto excesivo de las autonomías. Luego habrá que ver todo eso cómo se articula en una constitución.

¿Le ha decepcionado la democracia española en algún momento?

No, yo creo que hemos cometido el error de no incorporar a la juventud. Pero España ha vivido 30 años de prosperidad y de libertad prácticamente sin parangón, por lo tanto me siento orgulloso de haber defendido lo que he defendido a lo largo de mi vida porque creo que ha sido un éxito. Pero es necesario replantear las cosas ahora.

La monarquía funciona muy bien y la democracia española es de las mejores que funcionan en el mundo. Entre los 10 países más desarrollados del mundo hay 7 monarquías parlamentarias, entre los 15 primeros hay 11. España ocupa el lugar 19, es decir, está entre los 20 primeros del mundo, que es una cosa que está francamente bien.

Estamos mejor de lo que dicen los medios.

Sí, mucho mejor. Siempre existe un derrotismo natural, pasa en todos los países, también pasa en Francia, en Inglaterra, incluido en Luxemburgo. Vamos a ver qué pasa, es posible que no se consiga hacer la reforma constitucional y que los jóvenes os veáis dentro de unos años metidos en medio de un proceso revolucionario muy difícil de saber dónde puede desembocar.

Va a haber una revolución digital en la política de las naciones. Yo estoy ahora a la cabeza de un periódico digital y empecé con la composición caliente, yo me río cuando me dicen qué tiene que ver como vehículo de la información: el periodismo que hacemos ahora es idéntico al que hacíamos hace 60-80 años, el sistema de llegar a la gente no, el sistema es fulminante, en el acto. Hay que mirar hacia delante, ese es el futuro. No se puede negar a las juventudes su deseo de afirmar su personalidad. Y su personalidad es una personalidad que la definen una serie de circunstancias que hay que aceptar.

Fdo: Esteban Martín

Twitter: @emartinp

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