Donfe: didáctico y persuasivo

equipo alevín 2001Un rígido polo de rayas rojas y verdes me asfixia. Un compañero me ayuda y consigo quitármelo. La garita es de chapa y madera, y ya han pasado por allí otros equipos. Es imposible ducharse porque todo está embarrado. He aquí mi primer recuerdo deportivo.

Once años tenía cuando el rugby se hizo un hueco entre mis clases extraescolares. Anteriormente se me había visto con una raqueta de tenis, con un kimono de kárate o con un bodyboard. También jugaba al fútbol en el colegio y montaba en bici. Fue el año 2001 cuando este desconocido deporte anglosajón y universitario comenzó a vertebrar mi vida y la de algunos compañeros.

Uno de esos compañeros con los que comencé a jugar es Francisco Hernández “Paquillo”. Despuntó desde pequeño, y ahora los medios locales recogen sus logros deportivos con la selección española de Rugby a 7. Es emocionante ver a mi amigo jugar en torneos internaciones. No obstante, echo en falta más información ¿dónde comenzó? ¿quién animó a Paco a jugar a rugby? ¿quién le enseñó lo básico? Ahí es donde quiero llegar.

Comenzar a jugar a rugby no lo recuerdo como una decisión. Más bien fue una inercia: Fernando Aguado –Donfe, como le llaman sus alumnos- nos dio el primer empujón, a mí y a otros niños, y nos introdujo en una esfera nueva.

A finales de los noventa fundó el Club de Rugby Motril: azul y blanco sus colores, la azucena su emblema. Sin más medios que sus ganas, montó la primera escuela de rugby la costa de Granada. Se lanzó a una tarea que ocupaba todos sus fines de semana: nos llevaba por Andalucía a jugar contra otros equipos; se encargó de jóvenes en ocasiones maleducados e impertinentes; e hizo un gran favor a muchos padres que pudieron descansar de esos hijos desmotivados y maleducados que Dios les había dado.

donfe-e1391605576379Era persuasivo: tenía una gran capacidad para implicar a todo el mundo en su noble proyecto. Las más difíciles de convencer: las madres: no querían que sus hijos jugasen a un deporte desconocido y violento (en apariencia).

No era autoritario y nunca reinó la indisciplina. Cuando hubo problemas –que los hubo en ocasiones- siempre salió hacia delante tirando de todo. Donfe lo ponía todo en el club: cargaba el maletero de balones y conos y llenaba el coche de niños, un Audi quattro color rojo que un día dijo basta. Daba varios viajes, si era necesario, para llevarnos al ferial. Acabábamos cubiertos de polvo y tierra. Celebrábamos tener aquel campo: la primera opción había sido la pista de asfalto del Colegio Santo Rosario y la Playa de Poniente donde aprendimos a placar.

Le recuerdo de pie, con los brazos cruzados. Vestía chándal y solía alternar el polo azul de la selección francesa de rugby con el verde de la sur africana. Supervisaba en silencio y nos corregía uno a uno. Transmitía serenidad y confianza en sus chicos: el club llegó a tener equipos muy competitivos en varias categorías.

Tras los partidos, el Cerro de la Virgen era nuestro punto final de expedición. No para él: escribía la crónica del partido y de sus jugadores. La mandaba a los medios. Recuerdo a Martín, a Oso, a Lirón, a Oliver, a Jero, a Vladi, y a Paco, que despuntó desde siempre. Nos gustaba comprar el Mucho Deporte, leer lo que había escrito de nosotros y ver si habían publicado nuestra foto.

Hace varios años Donfe cortó de raíz con el club. Ahora el buceo es su nuevo hobbie. Pasé por motril –donde ya no vivo- y me acerqué a ver cómo estaba. Le encontré espléndidamente joven y despierto. Muy crítico con las administraciones locales por la falta de apoyo y también con la Federación Andaluza de rugby. “El ayuntamiento creó varias escuelas de deportes y finalmente la de rugby, con toda la infraestructura que teníamos montada, no tuvo el apoyo del consistorio. Ahora otros ayuntamientos de la costa han creado sus propias escuelas de rugby. Y aquí, que ya lo tenían todo hecho, lo echaron abajo” –recuerdo que me dijo-.

Sonrío al pensar en él: no he conocido a ningún entrenador tan pedagógico como él en los clubes en los que he jugado. Sin duda, lo mejor de Donfe eran sus didácticos entrenamientos: nos enseñó el abc del rugby, lo básico, nos lo enseñó bien y nos animó a aplicarlo. Donfe plantó la semilla del rugby en la costa y nos hizo grandes.

Fdo: Esteban Martín

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